lunes, septiembre 12, 2005

-==>La Batalla<==-


Sentado en el borde del acantilado Yhke sentía la inmensidad que lo rodeaba. Miles de años se manifestaban con su mayor fortaleza en añosos y experimentados bosques que adornaban generosos llanos y magníficas quebradas, mientras el sol coronaba la majestuosa creación con sus hermosos colores. El horizonte parecía perderse en la eternidad, recortando bordes, orillas y contornos con una perfección sublime. Una maravillosa grieta recorría este edén regando generosamente vírgenes orillas nutriendo la vida que se expresaba con una fuerza descomunal.
Yhke respiraba profundamente, trabajando para lograr una sintonía con su entorno; sus pies desnudos en contacto con la hierba, sus manos en contacto con el aire y la cabeza en contacto con el cosmos, eran la esencia de su presencia en ese idílico lugar. El viento denso y frío estremecía el cuerpo de Yhke, adormeciendo sus viejas heridas y contrayendo sus antiguas emociones. La fogata encendida no alcanzaba a entibiar el frío reinante, ni su semblante, ni su gélido espíritu. Sabía que estaba solo, rodeado por el todo, pero solo. Virn y Sagl estaban en otra dimensión, cumpliendo con su intenso entrenamiento personal, diseñado por el cosmos para que cada uno por si solo superara su prueba, solo al final de esta etapa tendrían la oportunidad de verse, pero el camino era personal y solitario, sin ayudas de ningún tipo salvo el permanente recuerdo que los acompañaba.
La caminata a veces se hacia estéril, una y otra vez Yhke buscaba el camino correcto volviendo a su punto de partida al cabo de un lapso. Medía el tiempo invertido por el largo de su dura barba, la cantidad de atardeceres, contando sus nuevas canas o por las diferentes fases de la luna. Una profunda sensación de desasosiego se manifestaba con fuerza, al fracasar en cada intento, cada estrategia o cuando, incluso, recurría a la lógica para trazar un nuevo camino. Paso a paso se daba cuenta que el camino que mas lejos lo llevaba, no tenía lógica, estaba lleno de contratiempos, era sinuoso y pedregoso, pero la incomodidad se esfumaba porque en el descubría hermosos lugares, bellos poblados y maravillosa gente y aunque no estaba claro si el camino era correcto, su espíritu renacía, las fuerzas no flaqueaban, y su sonrisa era mas intensa que nunca. Su corazón albergaba nuevas esperanzas y su cuerpo rejuvenecía, frente al desafío.
De regreso a su punto de partida, decidió descansar y analizar su situación. Debía cambiar su forma de enfrentar este desafío, estaba claro que sus viejas estrategias, servían para otras batallas, las cuales había ganado con honores junto a sus amigos; pero esta era su más sublime batalla, una para la cual no tenía experiencia, y lo peor no tenía enemigos….
Era una batalla por su propia salvación, él, era su peor enemigo, conocía toda su amplia estrategia, sus fortalezas y sus muchas debilidades. Debía combatir contra si mismo, contra sus miedos, tan bien adornados y guardados; contra sus temores, tan bien maquillados y manejados; contra sus debilidades, tan mimadas y toleradas, pareciendo incluso para sus ojos en algunos momentos, virtudes. Era la más difícil batalla que nunca le había tocado enfrentar. Debía vencer sus miedos, transformándolos en valor; vencer sus temores transformándolos en esperanzas y mutar sus debilidades a verdaderas y reales virtudes.

Este debe ser el verdadero camino, el correcto camino y una vez mas preparó su mejor arma, su tesón y su mejor escudo, su fe.

Y el triunfo, será su propio triunfo; ganado a pulso, venciéndose a si mismo, logrando por si solo su liberación.

Lo va a lograr, solo falta que él lo sepa. Ya esta ganando, está luchando, está vivo.